Un puñado de las empresas más poderosas en términos económicos decidió, en las últimas semanas, retirar temporalmente sus anuncios de las plataformas sociales. La mayoría apuntó contra Facebook (y por extensión Instagram) y algunas también aplicaron esta medida con Twitter. La consecuencia directa ya se ve: Facebook y Twitter vuelven a registrar caídas en la preapertura de Wall Street tras desplomarse más del 7% como resultado de las medidas de las compañías hacia sus negocios por no controlar sus mensajes de odio, antirracistas y homófobos de los usuarios.

El statement es el mismo para todos: las compañías no quieren compartir sus campañas en esas plataformas con grupos y mensajes de odio.

Starbucks fue el último en sumarse a este grupo de más de 160 compañías que incluyen a Coca Cola, Unilever, Levi´s, Diageo, The North Face, Patagonia, REI y Verizon. El gigante del café dijo el domingo que suspenderá el gasto en todas las plataformas de redes sociales mientras mantiene conversaciones internas, con socios de medios y grupos de derechos civiles “en un esfuerzo por detener la propagación del discurso de odio”.

La retirada de anunciantes hizo reaccionar al fundador y CEO de la compañía, Mark Zuckerberg, que durante años se negó a aplicar controles sobre Fake News, propagación de conspiraciones y discursos de odio.

Ante este panorama, el viernes 26 de junio, Zuckerberg anunció una nueva política por la que va a prohibir cualquier mensaje relacionado con el llamado discurso de odio en su plataforma, es decir, mensajes con contenido que, según los editores de Facebook, promueva la discriminación. Además, etiquetará los contenidos que considere de especial valor periodístico para el público.

 

En este sentido, Twitter ya tuvo su minuto de polémica al respecto cuando decidió etiquetar como peligroso contenido del presidente estadounidense, Donald Trump.

Desde hace años Facebook recibe críticas, tanto internas cómo externas, por negarse expresamente a controlar cualquier tipo de información tóxica que se comparte en su plataforma en nombre de la libertad de expresión y Twitter no escapa a la situación, por el comportamiento virulento de sus usuarios en distintas ocasiones de polémica local e internacional.

La dimensión es gigantesca: Facebook es la segunda plataforma de anuncios del mundo, por detrás de Google, con ingresos anuales por publicidad de 69.700 millones de dólares (61.780 millones de euros).

Si bien el «Affaire» de Cambridge Analítica generó cambios en las políticas de privacidad, poco se hizo sobre los contenidos y tipo de publicaciones y la preocupación sigue intacta desde que Donald Trump las utilizó para desincentivar el voto y propagar desinformación en condados clave en 2016.

El reclamo se hace claro y evidente, porque aunque la plataforma ajustó políticas de publicaciones, algunas encuestas indican que el 42% de quienes usan diariamente Facebook han tenido una experiencia de acoso, amenaza o «bullying».

Y vamos más allá, Facebook recomienda regularmente grupos extremistas a los usuarios. De hecho, según su propia investigación interna en 2016 sobre grupos políticos alemanes en la plataforma, la compañía descubrió que el 64% de todos los grupos extremistas se unen debido a sus propias herramientas de recomendación. Si bien han realizado mejoras desde entonces, es común cruzarse con recomendaciones de reclutamiento para grupos de odio.

Las posiciones se ciernen en dos aristas claras, libertad de expresión a cualquier precio frente a una moderación – o censura-  de contenidos y mensajes de odio. 

Una posición conciliadora también podría ver los grises en esta escala de mensajes y la gravedad de la distribución, pero el volumen de contenidos que se generan diariamente hacen una tarea imposible de sostener por la misma plataforma.

 

¿Vos qué creés, que la libertad de expresión no debe tener límites, que las plataformas deben regular fuertemente algunos mensajes y noticias o que existe un camino conciliador entre ambas posturas?

Algunas consideraciones surgidas del equipo de 25Watts.

  • Es llamativo que sean instituciones privadas las que exijan una regulación pero estamos en una situación crítica y con grises que no son “cómodos” para el Estado a la hora de tomar una decisión o un pedido a las plataformas. Todos los días observamos argumentos que lastiman y no buscan otra cosa que eliminar al diferente, y como indica la paradoja de la tolerancia del Popper, son argumentos viscerales, que carecen en su mayoría de bases racionales y que suelen defenderse solo con el último recurso de “libertad de expresión”. Establecer límites claros de tolerancia al intolerante va a reducir estos discursos destructivos que solo generan y aumentan los caudales de resentimiento y odio.

Gonzalo Kairuz, CFO

  • No puedo dejar de pensar en la importancia que tuvo el papel de las Redes Sociales en Egipto en el año 2011, por su participación en la concertación, coordinación y visibilidad mundial de las movilizaciones y sucesos para alcanzar el fin de la tiranía de 30 años de Hosni Mubarak, donde en simultáneo seguramente se hayan realizado publicaciones con términos de odio y violencia, en pos de la revolución y me surgen algunas preguntas: ¿Podrán las plataformas determinar la justicia y nobleza de las causas y sus publicaciones? ¿Quién establecerá estos criterios? y por último: censurar y reprimir insultos y agravios, ¿creará un escenario no representativo de las personas?

Tomás Pozzo, Desarrollo de Negocios.

  • Sin dudas que las redes sociales cambiaron las posibilidades de escuchar posturas que otrora no encontraban espacio en los medios tradicionales. Sin embargo, a esta «oportunidad» le devino la proliferación de discursos de odio e informaciones falsas, que aturden, desinforman -sobreinforman- y atentan contra la vida de aquellos que son víctimas reiteradas de estos ataques. Los ojos del mundo están puestos en Facebook y su decisión puede sentar un importante precedente en cuanto a la regulación en las plataformas digitales. Zuckerberg no podrá mirar para el costado, deberá asumir el rol que tiene Facebook en la virtualidad real y trabajar para encontrar una solución.

Santiago Gómez, Social Media Manager